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Caminos, de coaching a psicologíaHace unos años un comentario de un cantante italiano, Enzo Gragnaniello, llamó mi atención. Decía que le habían sido necesarios 35 años para recurrir 600 metros. Treinta y cinco  años para llegar desde su casa, en el barrio ‘Quartieri Spagnoli’ de Nápoles hasta el precioso teatro de la Opera San Carlo.
Me impactaron mucho aquellas palabras. Hablaban de unos paso muy lentos en un camino linear (de casa al teatro) y, a la vez, de un recurrido muy complicado. De alguna manera esta metáfora podría representar la vida de muchas personas, y también la mía. 

 

Hace ya unos años quise dar comienzo a mi nuevo viaje. Mi presente no era lo que quería; fue entonces que una vez más me puse a desear mi nuevo futuro.
Aunque no supiese cuál camino elegir, entre los que se me presentaban a la vista, un poco borrosos, intuía que encontraría alguna buena señal para reconocerlo.

La confianza y la ilusión fueron las armas más fuertes que tenía en aquel entonces, capaces de romper aquella patina borrosa que muchas veces tenemos delante de nuestros ojos y creada por el miedo.

Los seres humanos vivimos una vida hecha por muchos y especiales momentos, un sin fin de momentos. Siempre que nos sintamos totalmente responsables de nosotros mismos, de nuestro presente, de nuestras acciones, nunca podremos estar equivocados, porque habremos hecho lo que en aquel momento nos parecía lo más correcto, lo más útil o lo más placentero para nosotros.

Con toda mi confianza, mi ilusión y persiguiendo mis deseos, empecé a ocuparme de mi vida, poniendo mucha atención en los acontecimientos que me iban pasando alrededor, en mis emociones y en a mis nuevas voluntades.

También en el camino tuve la suerte de encontrar a otras personas que me ayudaron a descifrar estas señales:

- sentado a una mesa tomando una copa de vino descubrí la existencia del coaching;

- en un día soleado, y yo con mucha paz interior, dedicándome un paseo en bici conocí mi actual pareja, y añadí más amor en mi vida;

- queriendo dar las gracias a unos amigos, en una situación de gran dolor descubrí, el poder del perdón, y también el poder destructivo del sentido de culpa;

- gracias a una pocas palabras dichas con mucha dificultad, percibí la fuerza del amor y del agradecimiento a la vida y a las bellezas que nos ofrece.

Formarme como coach, y desde hace unos años como psicólogo, compartir aquello que sé, que mejor puedo hacer y que puede ayudar los demás a disfrutar de su vida, ha sido un camino largo y lento, con imprevistos y con sorpresas placenteras. Es por eso que me recuerda aquel comentario del cantautor napolitano.

He tenido y sabido esperar, escuchar, observar, tomar mis decisiones, sin dejar de confiar y ocupándome de mis deseos. No tengo solo una meta, tengo muchas, muchos caminos, con muchos momentos por crear y vivir.

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