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Duelos y Pérdidas

En este post os quiero presentar una reflexión y algunos datos sobre un tema que me ha interesado mucho en los últimos años: la pérdida, el duelo, su implicación en la vida de niños y de adultos y las consecuencias cuando se convierte en ‘duelo complicado’. Además, hago referencia a unas perspectivas de trabajo y de apoyo terapéutico y a unas técnicas que se pueden emplear para una sana elaboración de la pérdida o de un duelo.

¿Cuál es el efecto desestabilizador de una pérdida?
¿Porqué la muerte es una pérdida tan dolorosa?
Conclusión
Recursos

 

Duelo infancia, Daniele Vasta, Barcelona
(foto de "lamenteesmaravillosa.com")

¿Cuál es el efecto desestabilizador de una pérdida?

El ser humano construye el significado de su propia existencia adaptando e integrando sus vivencias previas a las nuevas situaciones que se le van presentando tal que estas puedan percibirse coherentes, ordenadas según una lógica y un sentido otorgado. Cuando eso no pasa, más frecuentemente en casos de eventos traumáticos, puede ser necesario activar un nuevo proceso de búsqueda de sentido, de integración y de adaptación. La muerte es un evento que puede crear un ‘no sentido’ y la sensación de incoherencia. Constituye una ruptura de significado, un trauma en un vínculo afectivo, más o menos intenso y relevante, que tenemos con una persona, con un objeto o con un estatus y como tal una pérdida. Eso puede implicar cambios en la visión de sí mismo, del mundo, en la manera de relacionarse con él, con las otras personas, con el significado hasta entonces hemos estado asignando a todo esto.

El proceso de duelo se da como consecuencia de una pérdida y puede darse en diferentes momentos en la vida de una persona y a raíz de distintos tipos de pérdidas. Para un niño puede ser una pérdida importante tener que cambiar colegio o mudarse a otra ciudad; la separación de los padres puede ser muy traumática, así como la muerte de una mascota o la sensación de abandono sufrida a causa de unos padres muy ocupados con su trabajo (1). La separación de un matrimonio, la pérdida de un proyecto de vida, la jubilación que para algunos puede representar la pérdida de un estatus, pueden ser eventos desencadenantes de un proceso de duelo. Si pensamos que la vida es un evento influido por continuos cambios y adaptaciones a nuevas experiencias, entonces el duelo es algo que nos acompaña durante todo nuestro proceso vital (2). Un ejemplo puede ser el conjunto de pérdidas que se dan cuando se pasa de la niñez a la adolescencia (pérdida del físico que se tenía, del papel social de niño o niña, etc.) y la crisis que puede darse con respecto a la identidad, orientación afectivo-sexual desde la niñez, a la pubertad hasta la adolescencia.

¿Porqué la muerte es una pérdida tan dolorosa?

El proceso de duelo que se vive a raíz de una muerte destaca, entre otros tipos, por tener una característica específica, constituye una pérdida irreversible. En los niños, según la edad que tengan, la idea de irreversibilidad puede ser difícil de entender. Es alrededor de los 8 años cuando, en general, empieza a madurar ese concepto. Hasta entonces la muerte viene entendida como un evento más vinculados a aspectos simbólicos y mágicos, poco concreto (el abuelo, la mascota etc. “sí estan muertos, pero ya volverán”).

¿Cómo superar el duelo?

El duelo es algo que se vive, se procesa y que necesita tiempo. Se integra dentro de las vivencias personales de una forma más o menos natural y, en la mayoría de los casos, sin generar importantes malestares. A veces puede durar años y dificultar el regular desarrollo de las actividades diarias, afectivas y relacionales del doliente. En estos casos se define ‘duelo complicado’ y puede manifestarse a través de síntomas específicos, entre algunos: ansiedad, desánimo, baja autoestima y visión negativa del futuro, insomnio, somatizaciones etc. Para vivir mejor el proceso se necesitarán pautas y recursos que puedan ayudar a la persona a reducir estos síntomas a través del análisis del tipo de distorsiones de pensamiento y de sus causas, de la expresión de la emociones, para llegar a la reconstrucción de una nueva narrativa personal que integre también la vivencia de la pérdida y de la muerte otorgándole un nuevo significado.

Cuando fuera necesario, el apoyo de un psicoterapeuta puede ayudar a releer la experiencia o a facilitar la percepción de poseer habilidades y plantear estrategias de enfrentamiento.

En caso de ansiedad e insomnio la relajación puede tener un efecto muy positivo. La planificación de actividades, a veces mejor si rutinarias, devuelven a la persona aquellos elementos que son propios de su mundo, de su manera de hacer; la integran poco a poco en una dimensión espacio- temporal centrada en su presente. El terapeuta puede usar éstas y otras técnicas, todas orientadas en acompañar a la persona sufridora para que pueda tomar consciencia de su nueva situación, para que pueda asimilarla como un nuevo elemento dentro de su vida y acomodarla dentro de un nuevo equilibrio cognitivo y emocional (3).

Conclusión

El duelo es un proceso natural que puede darse en personas con distintas edades y por varias causas: abandono, dificultad de vinculación afectiva con un progenitor, enfermedad o pérdida de una parte del cuerpo, muerte, cambios fisiológicos propios del ciclo vital, la pérdida del primer amor o de un trabajo, jubilación o a causa de un aborto.

Hay algunos factores que pueden ayudar a construir buenas y sanas respuestas personales a la hora de enfrentarse a las tareas del duelo. Éstos serán tan eficaces cuanto antes estarán en poder de cada persona.  Construir buenos vínculos afectivos con los seres queridos, tener un buen nivel de comunicación con los familiares, o amigos, puede ayudar para que se haga un proceso de duelo sano. También la posibilidad de recibir apoyo después de las experiencias dolorosas a lo largo de vida y de recibir una educación con respecto a la muerte y al sufrimiento puede prevenir consecuencias indeseadas. (4).

Referencias:

1- García Ledesma, R.I., Mellado Cabrera, A., Santillán Torres, L., (2010). Pérdida y duelo infantil: una visión constructivista narrativa. Alternativas en. Psicología, 15, (23), pp. 58-67.

2- Posada, F., (2005). El enfoque del ciclo vital: hacia un abordaje evolutivo del envejecimiento. M. Sánchez y S. Pinazo (Eds.), Gerontología: Actualización, innovación y propuestas (pp. 145-181).

3- Neimeyer, R.A., (2007). Aprender de la perdida: una guía para afrontar el duelo. Madrid: Paidós Ibérica; 


4- Gil-Juliá, B., Bellver, A., Ballester, R., (2008). Duelo: evaluación, diagnóstico y tratamiento. Psicooncología, 5(1), pp. 103-116.

Recursos

 

 
 

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